Todo es una pregunta. Por hoy no me apetece responder.
No hay demasiada utilidad en coger una regla y medir un trozo de papel. La habría si el trozo de papel representase un sentimiento o algo que no se pueda ver a simple vista, pero que a veces es importante medir. Las medidas de lo que no existe. Más bien, de lo que existe pero no es observable. Para saber qué sientes exactamente, para saber hasta dónde puede llegar lo que siento yo. Para saber la longitud de un pensamiento, por si es tan largo que pueda lanzarlo por una ventana y que llegue a ti, como un puente. O que no tenga medida y no sepa cómo controlarlo, que se me vaya de las manos. Todos los centímetros de tu piel bañados en distancias, todos los míos envolviendo algo que no sé explicar (ni medir). Y además de sin medida, sin remedio.

No he vuelto a ver ese amanecer ni tú has vuelto a hablar de él. Si lo pienso vuelvo a estar ahí y escucho el silencio roto únicamente por el obturador de la cámara, pero no lo hago porque no estoy segura de que quiera volver. Desde aquí todo se ve, no peor, pero sí más frío que aquel día y he de reconocer que no me disgusta del todo esta visión, porque quizá no me convencía del todo la otra... no lo sé.
En lo que se refiere a nosotros mismos, siempre poseemos información privilegiada. En lo que se refiere a mí, la poseo íntegramente y este hecho me otorga bastante poder (uno que no desearía tener, realmente).
Dicen que las grandes ideas surgen de un encuentro con el WC. Pues bien, las mías no son grandes pero suelen venirme en la ducha y en los dos segundos que suceden al despertar. En el primer caso, el agua tiene el poder de aclarar mente y cuerpo, como una muda de piel, necesariamente curativa. En el segundo, el estado entre sueño y realidad a veces consigue abrirme los ojos, no sólo literalmente.
Puedes andar, puedes andar sin parar y terminar en cualquier lugar. No importa lo cansada que estés si tus ganas son mayores. Hay caminos que llevan a cosas o personas que merecen la pena.
Que por qué me gusta tanto. No sabría responderte bien. Igual es su inmensidad, su modesta enormidad; esa capacidad de abarcarlo absolutamente todo, sobre todo su capacidad de abstraerme. Su incesante cambio, ningún segundo permanece igual; si no lo acarician las nubes es un avión el que lo rasga, en cualquier lugar del mundo. La vida que transporta, incluyendo los ojos que buscan un lugar de refugio allí arriba. Su continuidad, el que todos los seres humanos estemos bajo el mismo, aunque no sea razón suficiente para sentirnos más unidos. Su color, sobre todo su color a cualquier hora del día; su despertar, su despedida y todo lo que va por medio. Su luz. Igual es lo que guarda en su interior, esas luces pequeñitas que salen cuando se va el sol. El mismo sol, la luna. Sus alaridos de tormenta. La lluvia, los rayos. Es todo tan diferente de lo que se encuentra aquí, que cómo no iba a hipnotizarme. Nunca se me dio bien describir esa sensación. Me preguntas que por qué me gusta tanto, mientras te observo estudiarlo como intentando descubrir un gran secreto. Me gusta porque cada vez que levanto más de dos segundos la vista, me tropiezo.
Las luces no logran comprender, bajo un cielo que se mantiene neutral ante las diversas sintonías de los pasos que retumban en las sombras de la calle. Los cielos no se mojan, ni siquiera cuando llueve. Sólo son un consuelo pasajero para los sentidos que consiguen apreciarlo, un refugio para los débiles.
Hoy voy a escribir aunque no tengo nada que decir, para variar. Como si me repitiera una y otra vez, como si entrara y saliera del mismo círculo que lleva al mismo lugar que es ninguna parte. Volver a cometer los mismos errores que antaño me destrozaron, pero se pasaron y aquí vuelvo a enfrentarme a ellos, casi sin haber ganado experiencia. Tengo curiosidad por saber dónde está mi límite, a ver hasta dónde soy capaz de llegar sin reaccionar. Quiero saber cuánto necesito pasar para no sentir absolutamente nada, para darle la espalda a todo sin mirar hacia atrás. Necesito autodestruirme. Para que sea la única forma empezar de nuevo.
Si me ves darme la vuelta y alejarme, no pienses que ya no me importa. Lo más probable es que vuelva.
Ella llevaba mucho tiempo hablando de él por escrito, desde el primer día. Era de esa clase de persona que prefería su compañía antes de reconocer que él nunca concedió demasiado interés a este tipo de inquietudes a las que ella confería una importancia quizás excesiva para tratarse de un modo cualquiera de invertir el tiempo.
De horizontes que se doblan color rosa marchita sin esgrimir argumentos en contra, dispersando su triste reflejo en los sucios cristales de la ciudad, como el brillo que han perdido todas esas llaves que abrían aquellas puertas a las que nunca fui capaz de enfrentarme.
Es tiempo de retirarse en el momento preciso en que crees que algo se empieza a agrietar, tiempo de no decir ni una palabra y guardarse todo dentro antes de caer dormida. Es tiempo de poner distancia entre tus pasos y los pasos de los que pueden dejarte malherida. Es tiempo de esperar paciente y no esperar absolutamente nada; tampoco es tiempo para pensar de más. Es tiempo de retraimiento, lejanía y quizá, pero tan sólo quizá, tiempo para sorprenderse.
Es una calle estrecha, hecha para la espera. En sus casas los interruptores juegan a esconderse, alargando el temor a la oscuridad. Las puertas chirrían antes de abrirlas, como ese tipo personas... Sus habitantes marean las hojas de los árboles que acaban cayendo, dejando las ventanas vacías y las calles de alfombra. Brillan las ausencias en cada pensamiento y no existe la noche, nadie puede dormir. No se duerme en este barrio. Siempre fui de ese tipo de personas, de las que chirrían. Esas que ponen las esperanzas que le permiten los pies y las ilusiones que caben en sus manos, pero no todas. Jamás fui de las otras, de las buenas. De esas que parten rayos sólo con mirarlos y no temen a la oscuridad y aman los árboles sin hojas en invierno e inventan la noche si no llega y por mucho que pasen los años, no se oxidan.
[...]
No hago magia pero que nadie me diga que no tengo poderes, que nadie me diga lo contrario. He escrito suelos y papeles y los he lanzado al aire para que llegasen a tus pies. Te he convertido de fantasma deambulando fuera de mi mundo a una realidad dentro de él, solo que ahora no sé si se podría decir que esto es una pausa, el esperado principio o un inevitable final. Pero al menos ya existimos...
*A todo el mundo le encanta saber que estás ahí, y gratis...
[ _____ ]
No todos hemos merecido el premio de ser felices. Puede que un día, mientras descubres el valor de la luz del sol estando en los bajos de tu alma, te topes conmigo. Te invitaré a pasar, charlaré contigo de la vida y de la gente, te regalaré un poco de agradecimiento; y te pediré que, por favor, al salir cierres con llave y apagues la luz. Olvida todo, olvídame, y sólo así podremos continuar tejiendo la soledad que hemos venido a compartir.
Y el día pasó arrastrando la mirada por el pavimento y recogiendo toda la mierda, incluso la que uno mismo genera, para después, transportarla a casa sin que apenas pese y desprenderse de ella por cada rincón de los pasillos, para después tropezar con ella un lunes a las siete de la mañana con los ojos entreabiertos percibiendo aún desde el sueño, y caerse redondo al suelo, de donde nunca debió levantarse.
Y el día pasó. Y poco más.
"Es preciso, ante estas ciudades, suspender el juicio hasta un día, hasta que repentinamente -o quizá poco a poco aunque esto apenas es creíble- tome forma una cosa que adivinamos que está presente y que no vemos, hasta que esa sustancia que se arrastra ahora por el suelo se solidifique, hasta que los que ahora ríen tristemente aprendan a mirar cara a cara a un destino mediocre y dejen vacías las construcciones redondas o elípticas de cemento armado para recogerse en la intimidad estrecha de sus casas".
Tiempo de silencio, Luis Martín Santos
"Nada parece que haya cambiado. Fuera de las sombras irreales de la noche regresa la vida real que habíamos conocido. Tenemos que volver a tomarla desde donde la habíamos dejado y se apodera de nosotros un sentimiento horrible de necesidad de que continúe la energía en el mismo círculo de costumbres estereotipadas y aburridas, o quizá un anhelo salvaje de que nuestros párpados se abran alguna mañana en un mundo que hubiera sido remodelado de nuevo en la oscuridad para placer nuestro, un mundo en el que las cosas tuvieran formas y colores nuevos, y cambiado y con otros secretos, un mundo en el que el pasado rendría un lugar muy pequeño o ninguno, o sobreviviera de todos modos en una forma inconsciente de obligación o arrepentimiento, ya que hasta la rememoración de la alegría tiene su amargura y los recuerdos del placer tienen sus penas".
El retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde
Me conozco este suelo como la palma de mi mano. Me sé de memoria estos cielos que para mí ya llueven gris. He recorrido cientos de veces las aceras que no llevan a ningún lado, y mucho menos a casa, cuando es lo que más necesitas.
Miles de fachadas han sido testigos de lo mejor y lo peor de mí. He querido, odiado, gritado, besado, llorado... He perdido y he ganado, he caido y vuelto a caer... He vivido siempre aquí, entre paredes que nunca duermen y farolas que no se encienden si no saber volver.
Pero como dijo alguien grande... cada ciudad puede ser otra. Tan diferente como perspectivas, como seres humanos que la habitan. Si pisas estas baldosas a mi lado, no siento lo que una vez sentí. Todos los colores que pueda haber, quiero que me los enseñes sin darte prisa, sin soltarme la mano.
Los sueños ya no me hacen tanta falta como una dosis de realidad en el momento clave, que es aquí, y es ahora...


Quiero escribir. Acerca de todos mis nada. Y mis todo. Quiero escribir sobre mí, sobre lo que soy y decir que me siento muy pequeña, puede que cada día más. Y es lo único que sé.
Quiero escribir sobre las personas que se han quedado conmigo, que no son muchas pero sí suficientes, y lo mejor es que son increiblemente buenas, y decir algo que no suelo decir... que me siento afortunada por tenerlas. Que espero no alejarme y que sin ellas probablemente no sería quien soy, aunque quien sea carezca de valor, pero me han enseñado muchas cosas.
Quiero escribir sobre lo mucho que me gusta, a pesar de todo, esta locura rara de vivir, aun pasando por la monotonía, el dolor y las pérdidas... no me asusta sentir y creo que hacerlo, sentir lo que sea aunque no nos haga precisamente felices, es mejor que no sentir absolutamente nada.
Quiero escribir sobre ti y la piel de gallina que aparece cada vez que te veo; sobre lo mucho que me gusta conocerte; sobre lo fácil que es no sentirse solo cuando alguien te abraza o te acaricia; sobre cómo pasamos de puntillas en la vida del otro y la certeza de que, tras este intervalo, nuestros caminos se separarán. Y supongo que es esa certeza la que me mantiene tranquila.
Quiero escribir sobre lo que no ha pasado todavía, pues creer en algo nos hace seguir caminando. Quiero no centrarme sólo en el pasado para no perderme en él, pero tampoco ir olvidando. Escribir... sobre lo que nos hace o debería hacernos más felices, esos momentos fugaces que te evaden de todo y te hacen volver a la naturaleza más simple y humana. Sobre lo que nos hace tomar conciencia de uno mismo, y ser mejores, y ser capaces de recordar como nos sentimos aquella vez.
Quiero escribir sobre lo absurdas que resultan muchas de las cosas que decimos o hacemos, incluso pensamos. La incontable cantidad de veces que nos equivocamos, que juzgamos precipitadamente, que fallamos o miramos sin los ojos cerrados... y preguntarnos si sería tan difícil de otra forma.
Quiero escribir sobre la fiel compañera de viaje por excelencia, la que está en todas partes y pone en nuestra boca frases que no supimos expresar mejor: la música. Quiero crecer con ella y que me haga pensar, que me inunde y me oiga por encima de su eterna voz mientras grito lo que sé que va a decirme. Quiero necesitarla y no poder olvidar cómo me hacía estremecer, llorar, bailar, crear... en definitiva, sentir. Sentir su inmortalidad.
Quiero escribir cada día que soy una ignorante, y sólo así impregnarme de todo lo que me vaya encontrando por el camino, abrir bien el corazón y no dejar de aprender. Quiero escribir y encontrar alguien que sepa entenderlo, lo respete y me acompañe en ese sentimiento. Necesitamos saber que no estamos solos.
Quiero escribir sobre lo que siempre quise hacer, como conocer bien las estrellas, tocar la guitarra, dedicarme a pintar o planear tener mi propia papelería. Y que no suene absurdo. Quiero hacerlo de verdad y no convertirlos en sueños perdidos en mi mente ni tampoco en garabatos sobre un papel que tiraré dentro de algún tiempo. Quiero escribir sobre los lugares que no conozco, visitarlos y decir, por fin, algo de ellos.
Quiero no conformarme con esto, dejar por escrito que puedo hacerlo y releerlo cuando lo haya hecho. Pensar que puede ser así, que todo debería ser tan fácil. Que complicarlo nos mantiene entretenidos pero nos hace perder un valioso tiempo que corre en nuestra contra.
Escribir lo que sientes, dejar constancia de tu existencia ante ti misma antes que a los demás. Pues ellos viven su vida pero tú estarás contigo para siempre, e incluso a veces, sentirás que sólo te tienes a ti. Aunque más tarde sabrás que es una verdad que no lo es del todo, porque la existencia nos viene también de fuera, de sentirnos alguien para otro alguien, sobre todo para aquellos que son alguien para nosotros... de sentirnos cuidados y, por qué no, queridos.
Quiero escribir... Quiero escribir para siempre, que me faltan cientos de cosas por decir.

Ahora que, todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar...
I don't want to be here fading it's more that I can take
Puedes pujar por la magia, acariciar los horizontes vacíos de brujas, jugar con canciones y ganar cajas con números que cambiarías por instantes que te hicieran tiritar... Puedes mirar al techo con bucles por ojos, dejando los sueños cojos resignados a esperarte. Pero ya dijo Van Gogh que las noches se acaban estrellando y no sabes deshacerte los nudos que te has atado a su mano, me temo que en vano...
Entre esta linea gris y aquella azul distante, voy bailando las palabras, cazando los instantes
Esto es lo que es, lo que ves, aunque sea oscura y a veces, casi invisible... Más fuerte de lo que crees. La que roba estrellas y las guarda en el cajón. Cobarde, solitaria, casi hecha de cartón. Fotografía miradas salvavidas y no cree demasiado en el amor. La que habla bajito por verguenza y busca el calor de algún rayo de sol. Esa que no sabe usar bien las palabras pero las dibuja en hojas de color. La dueña de un alma fragmentada con un cuerpo que es pura imperfección, la que se levanta tras caer pero no avanza. Busca en las aceras alguna respuesta, recogiendo prisas y mal humor. Esta vida no la quiere... este caos le pesa. Ella es, la que cada noche pide un deseo y mata las lágrimas al primer sueño. La que pasa el tiempo observando su alrededor e intentando aprender algo. Esa que tiene prisa por volar e irse lejos, empezar de nuevo y morirse de miedo. No es tan independiente como cree ni puede cambiar como ella quiere. No aprende a vivir sola y sabe más de soledades de lo que piensas. Mira el reloj con pánico y le aterra pensar que lo está desperdiciando. Y yo la quiero así, porque así ha sido siempre, porque casi se ha vuelto una parte de mí... porque me enseña la parte más pequeña, la parte que da sentido a las cosas y la que te hace ser un poco mejor.
Mi existencia insiste en la misma estrofa de la canción de siempre y aunque mi objetivo desde por la mañana sea sobrevivir dignamente, no hay pensamiento que me aparte de la angustia del discreto por qué.
Me estaba mirando con una lucecita pícara en los ojos. Es tan pequeña y sumamente lista cuando se se trata de persuadir, pero yo tengo más años de experiencia… Me dedica su tono de voz más dulce lo que provoca en mí la necesidad de abrazarla como a un peluche irresistible. Definitivamente, no tengo autoridad o ella me la desarma de un astuto golpe. Sé qué es lo que está buscando y, por desgracia, no son mis abrazos aunque siempre me los ha devuelto como si le fuera la vida en ello, cosa que me ablanda aún más el corazón. Su boca ofrece una pista y es que tiene las comisuras de los labios teñidas de un tono marrón chocolate lo que hace que me ría y que ella se impaciente un poco más. Me gusta tener el control de vez en cuando. Como juego con ventaja, le pongo la mejilla y me da un besito que seguro me ha dejado el carrillo manchado de chocolate, pero creo que se lo ha ganado y emprendo camino hacia la nevera para darle un poco más mientras ella me sigue dando saltos de alegría. Qué fácil es hacer feliz a una niña de siete años (y a su hermana de veinte).
Algo tan insignificante como una sola estrella en el firmamento cobra todo su sentido existencial cuando una insignificante persona de millones en la Tierra, como yo, levanta la vista al cielo y la busca, la guarda en la retina, sonríe y se la queda para siempre…So little time, try to understand that I'm...