...
...
Sé que muy mal debes de estar como para haber explotado a estas alturas cuando normalmente hubieras tragado. Pero ahora te encuentras en ese "hasta no poder más" que te deja colgando mirando tu propia vida desde arriba o desde abajo (¿se llama vértigo si se provoca mirando desde abajo?), que es una manera de sentir diferente que no sabes cómo tomarte (y ni siquiera sabes si podrás acostumbrarte), que es una forma distinta de echar de menos lo que tenías, que simplemente las cosas han ido así para bien o para mal y no hay más.
...
...
...
Igual es momento de cambiar. De dejar de huir. De empezar a hablarme desde la verdad y dejar de convencerme de que todo va bien así. Porque no va bien, de hecho va fatal. Tan mal que ya no puedo más.
"Encontraré el camino, no me rendiré", me escribió un buen amigo. Y sé que el día que no me haga llorar esa frase será el día que lo haya encontrado. El día en que haya dejado de preguntarme: "¿Y todo esto para qué?".
...
(...)
- ¿Y cómo me ves tú a mí?
- Como un misterio.
- Ése es el cumplido más raro que me han hecho nunca.
- No es un cumplido. Es una amenaza.
- ¿Y eso?
- Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden.
- A lo mejor te decepcionas al ver lo que hay dentro.
- A lo mejor me sorprendo. Y tú también.
...

...

A veces tengo la absurda manía de creer que soy la única a la que le suceden cosas malas. Creo que ya no me ocurre. Ahora sólo quiero que dejen de pasar esas cosas. 'Quiero' lo digo y lo siento dentro bien grande y en mayúscula, muy alto, muy fuerte. Quiero volver a Barcelona.
Ayer cogí el único tren que es capaz de atraparme y llevarme bajo tierra a la misma velocidad con que se mueve en horizontal. Casi 300 kilómetros por hora de echar de menos y alguno más de deseos de dejarlo todo y continuar en dirección contraria.
Madrid no me sienta bien, aquí no quiero estar sola por miedo a sentirme sola. Allí no me pasa. Y estoy cansada de ser una persona triste.
...
...

"Hola, desconocido", pienso durante el segundo que te miro. Me pregunto cuánto tiempo llevas esperando aquí sentado. Me pregunto cuánto tiempo esperaré yo, a tu lado. Las paradas de la linea 77 se convierten en refugios para solitarios. Todos nos hablamos entre nosotros, pero nadie dice nada porque nadie se atreve a destaparse ante un desconocido.
Pero no somos desconocidos. Llevamos exactamente 7 minutos y 12 segundos compartiendo el aire y viendo los mismos coches pasar, con la cabeza ladeada a la izquierda para ver quien salta primero al divisar el bus de lejos. Hemos coincidido en esta coordenada espacio/tiempo, una única vez en nuestra vida, y vamos a dejarlo pasar. Y me pregunto cómo será tu vida, a dónde vas ahora que anochece. Me pregunto si te despediste de alguien y vuelves, o si vas porque alguien te espera. Quizás ambas, quien sabe. Yo no lo sabré. En este instante no se me ocurre afirmación más real que esa.
Te diría tantas cosas... te diría que levantaras la vista y mirases los tonos del cielo ahora que el sol se pone tarde y lento. Te pondría la canción que escucho en este momento porque es de esas canciones que pondrías a miles de Hertzios, demasiado buena como para que alguien se la pierda. Siempre he pensado estas cosas cuando me cruzo con alguien y sé que será la primera y la última vez... y me resulta normal porque estoy acostumbrada pero no puedo evitar pensar que es algo triste.
...
...

...
Te dije que nunca había dejado de mirar. Te dije que seguía buscando debajo del sofá el momento en que (te) perdí. Te dije que seguía creyendo en los domingos nublados tirada en cualquier lado. Te dije que la lluvia llegó tarde en la noche pero me hice inmune al frío. Te dije que deshice cada uno de los pasos para no seguirte más cuando me sintiera sola. Te dije que ya te había dicho que esto acabaría así. Te dije que todo estaba bien y no miraste atrás.
Quizá porque habías dejado de escucharme mucho antes.
...
Y si en este caso, justo en este momento, hubiera que construir puentes entre las palabras, aunque fuera de una manera insospechada, como con una cuchara, no sé si estaría más lejos del absurdo o se me atragantaría la sopa de letras.Si, en cambio, me veo obligada a destruirlos, quemaría todo lo que he escrito hasta ahora sin mirar junto con las yemas de mis dedos, para no agarrarme a nada más.
No quiero tener que leer en otros libros cómo llegar, no quiero resultados en la página de atrás para incógnitas imposibles pero no puedo dejar este problema a medias y hace un mes que dejé de pensar.
...
Would you die for me? If I say please?
Would you sacrifice?
Would you call my name?
There's no other way out to live with it
I will knock on you door every night to beg you
I will write your name on the wall everyday
To show you the way.
I'll never kill you
I'll tell you
I'll tell you to
I'll tell you how
I'll tell you how to do.
On the second day, I'll bring you flowers.
Cause you're more beautiful than any woman I've sean
And the small of the rose will be the last thing
You'll recall when you will be dead
So read you name.
Just one please
My hand, your blood.
[ENORMES]
...

...

...
No hay demasiada utilidad en coger una regla y medir un trozo de papel. La habría si el trozo de papel representase un sentimiento o algo que no se pueda ver a simple vista, pero que a veces es importante medir. Las medidas de lo que no existe. Más bien, de lo que existe pero no es observable. Para saber qué sientes exactamente, para saber hasta dónde puede llegar lo que siento yo. Para saber la longitud de un pensamiento, por si es tan largo que pueda lanzarlo por una ventana y que llegue a ti, como un puente. O que no tenga medida y no sepa cómo controlarlo, que se me vaya de las manos. Todos los centímetros de tu piel bañados en distancias, todos los míos envolviendo algo que no sé explicar (ni medir). Y además de sin medida, sin remedio.
...

...
No he vuelto a ver ese amanecer ni tú has vuelto a hablar de él. Si lo pienso vuelvo a estar ahí y escucho el silencio roto únicamente por el obturador de la cámara, pero no lo hago porque no estoy segura de que quiera volver. Desde aquí todo se ve, no peor, pero sí más frío que aquel día y he de reconocer que no me disgusta del todo esta visión, porque quizá no me convencía del todo la otra... no lo sé.No sé hacia dónde nos llevan las decisiones que vamos tomando, ahora mismo es dificil describir en qué lugar y momento me encuentro. Todo es incertidumbre (de la que se incrusta en el estómago y hace que brillen los ojos). Si me inunda la nostalgia sólo queda apaciguarme en esos días, en las madrugadas frías y los cielos en transición que se reflejaban en el objetivo, que es el único que siempre consigue salir impasible.
...
En lo que se refiere a nosotros mismos, siempre poseemos información privilegiada. En lo que se refiere a mí, la poseo íntegramente y este hecho me otorga bastante poder (uno que no desearía tener, realmente)....
M: ¿Cómo eres así?
X: Así, ¿cómo?
M: Tan frío.
X: ¿Y tú por qué sólo hablas para preguntar?
M: No me has contestado, parece que vas por el mundo sabiéndolo todo. Por eso yo pregunto cosas, para seguir aprendiendo.
X: Yo me hago las mismas preguntas, pero no lo digo en alto.
M: Pues hazlo, igual un día te sorprendes.
X: El día que dejes de escribir y empieces a hablar más... sí que me sorprenderé.
M: Pues da por hecho que algún día escribiré sobre esto. ¿Qué te parece?
(Silencio)
Una vez que te acostumbras a un tipo de juego, es dificil que de un día para otro puedas olvidarlo. No siempre sale todo bien, tal y como queremos o hubiésemos pensado... pero cuando todo cambia caes en la cuenta de que las cosas empiezan a salir bien cuando se entiende a la otra persona más que compartir lo que ella hace.
...
Y pestañeé cien veces más dada la vuelta, procurando hacerte irreal. Mi alma entera proyectando al suelo y yo procurando desprenderme de los restos de mi cabeza, abandonada al viento, que ya no piensa ni se sostiene en un cuerpo que no asume de lo que está hecho.
...
Casi he visto amanecer, uno de esos que tanto me gusta ver, desde la carretera, con las nubes agrietadas. Ha durado poco el deleite pero ha sido casi perfecto, aunque últimamente acumulo amaneceres que se superan a sí mismos. Madrid a veces te sorprende al igual que las personas que esconde en su interior, silenciosamente. Madrid a veces se sobrecoge de las historias que escucha y se calla. Porque todo da muchas vueltas, a veces incluso las vueltas parece que atraen más vueltas. Cambia la perspectiva, el color, cambia incluso el sabor que antes tenían las cosas. Vuelven los antes y los después que se renuevan a cada instante, porque el círculo nunca cesa. Otra vez las tormentas de puntos de vista y sentimientos en forma de jeroglíficos a descifrar en tiempo récord, antes de que el semáforo cambie a ámbar y yo bajo presión no puedo...
Y aún así todo parece diferente, me arriesgaría a decir que incluso mejor, aunque el frío no ha conseguido abandonarme.
Tan sólo me apetecía abrir el grifo mental y escribir que a pesar de todo me sigue encantando que huela a que va a llover.
...
Como se abraza la gota al charco, y a su vez éste al cemento, para evitar evaporarse.
Y me dejé llevar, me vi descender, y no me importaba...
Me sentía agua evaporándose. Agarrando cualquier mano que sólo conseguía agrandar el daño.
Me quedé arañándome el alma ahogada en el fondo de este mar extraño.
Abrázame y devuélveme al lugar del que caí. Encuéntrame...
...
Dejarse llevar, dejarse temblar por la intuición de una luz diminuta, ni siquiera por su existencia.
Frágilmente empuja todos los movimientos a un día que no se espera ni, mucho menos, se desea.
...
Quemaban los puntos y seguidos. Los aparte nunca fueron del todo curativos.
Necesitando finales.
FINALES que salgan de otra boca.
Todo necesita cerrar el círculo que abrió para poder seguir adelante.
Pero una vez perdido el rastro, parece inútil toda la distancia que se ponga a lo largo del tiempo.
Nunca cesa...
...
aquel pobre escalón de un piso cualquiera, a donde nadie nunca llega.
Con la cadena atada a un pie, permitiendo un ligero movimiento
hacia arriba o hacia abajo de esta insomne escalera.
Siempre fiel a ella, el punto de retorno por excelencia,
el abrazo de un cuadrado de madera hecho para la espera.
...
Dicen que las grandes ideas surgen de un encuentro con el WC. Pues bien, las mías no son grandes pero suelen venirme en la ducha y en los dos segundos que suceden al despertar. En el primer caso, el agua tiene el poder de aclarar mente y cuerpo, como una muda de piel, necesariamente curativa. En el segundo, el estado entre sueño y realidad a veces consigue abrirme los ojos, no sólo literalmente.
...
...
Puedes andar, puedes andar sin parar y terminar en cualquier lugar. No importa lo cansada que estés si tus ganas son mayores. Hay caminos que llevan a cosas o personas que merecen la pena.Quisiste hacerlo y lo hiciste. Llegaste a muchos lugares, aunque no lograste conquistar ninguno. Tocar la piel que dentro esconde tu corazón, me pareció insuficiente.
Por eso ahora sigo andando aunque hacia el otro sentido con la cabeza girada y me sigo dando golpes. Pero llegará un momento en que consiga darme la vuelta del todo y no mirar hacia atrás. Porque intentar alcanzarte es como esperar que nieve en la primavera que viene.
...
Que por qué me gusta tanto. No sabría responderte bien. Igual es su inmensidad, su modesta enormidad; esa capacidad de abarcarlo absolutamente todo, sobre todo su capacidad de abstraerme. Su incesante cambio, ningún segundo permanece igual; si no lo acarician las nubes es un avión el que lo rasga, en cualquier lugar del mundo. La vida que transporta, incluyendo los ojos que buscan un lugar de refugio allí arriba. Su continuidad, el que todos los seres humanos estemos bajo el mismo, aunque no sea razón suficiente para sentirnos más unidos. Su color, sobre todo su color a cualquier hora del día; su despertar, su despedida y todo lo que va por medio. Su luz. Igual es lo que guarda en su interior, esas luces pequeñitas que salen cuando se va el sol. El mismo sol, la luna. Sus alaridos de tormenta. La lluvia, los rayos. Es todo tan diferente de lo que se encuentra aquí, que cómo no iba a hipnotizarme. Nunca se me dio bien describir esa sensación. Me preguntas que por qué me gusta tanto, mientras te observo estudiarlo como intentando descubrir un gran secreto. Me gusta porque cada vez que levanto más de dos segundos la vista, me tropiezo.
...
Las luces no logran comprender, bajo un cielo que se mantiene neutral ante las diversas sintonías de los pasos que retumban en las sombras de la calle. Los cielos no se mojan, ni siquiera cuando llueve. Sólo son un consuelo pasajero para los sentidos que consiguen apreciarlo, un refugio para los débiles.Sin embargo, hoy todo tiene su importancia. Las luces, las sombras, el cielo, la baldosa partida de siempre. Hoy todo se ha vuelto canción de vuelta a casa, canción solitaria que tan sólo quiere irse a dormir.
...
Hoy voy a escribir aunque no tengo nada que decir, para variar. Como si me repitiera una y otra vez, como si entrara y saliera del mismo círculo que lleva al mismo lugar que es ninguna parte. Volver a cometer los mismos errores que antaño me destrozaron, pero se pasaron y aquí vuelvo a enfrentarme a ellos, casi sin haber ganado experiencia. Tengo curiosidad por saber dónde está mi límite, a ver hasta dónde soy capaz de llegar sin reaccionar. Quiero saber cuánto necesito pasar para no sentir absolutamente nada, para darle la espalda a todo sin mirar hacia atrás. Necesito autodestruirme. Para que sea la única forma empezar de nuevo.
...
Si me ves darme la vuelta y alejarme, no pienses que ya no me importa. Lo más probable es que vuelva.Tan sólo es temor a que pueda terminar lo que una vez empezó.
Que seas tú el que se vaya y no haya más piezas que mover, sin juegos a los que jugar ni nadie que pueda perder. Al menos otra vez. Por eso prefiero no mirarte del todo, no acabar de abrazarte. Porque así puedo tener alguna razón por la que volver, por la que volver a encadenarme. Para que no acabe jamás. Llámame absurda. Soy una absurda con alergia a los finales y se va...
...
Ella llevaba mucho tiempo hablando de él por escrito, desde el primer día. Era de esa clase de persona que prefería su compañía antes de reconocer que él nunca concedió demasiado interés a este tipo de inquietudes a las que ella confería una importancia quizás excesiva para tratarse de un modo cualquiera de invertir el tiempo.Estas carencias se compensaban, a su modo de ver, con otras muchas virtudes que él poseía y que a ella le hipnotizaban, incluso llegando al punto de preguntarse cientos de veces qué era lo que le animaba a seguir con ella pues siempre que se veían le nacía un nudo en el estómago que no le permitía ser ella misma. Miedo escénico o miedo... sin más.
Esta incapacidad traía su correspondiente consecuencia en forma de lágrimas que duraban hasta varios días después mientras recordaba ese sentimiento de impotencia al intentar que todo fuera bien sin éxito, lo que aplastaba su autoestima y la reducía a algo insignificante. Pero él siempre terminaba volviendo a ella ante la creciente desconfianza de ésta, desconfianza que tenía que haber surgido mucho antes juzgando los acontecimientos que se darían a partir de aquel momento. La historia se volvía a repetir.
Y aunque ha pasado tiempo desde aquello, ahora escribir se ha vuelto más importante todavía, pero ya no lo hace sobre nadie. Intenta dejar espacios en blanco cada vez que siente ganas de decirle algo (porque las ganas son tan fuertes que le arden) aunque él jamás tuviera medios de leerlo. Pretende hacer ver que se siente liberada pero en realidad está desconcertada y guarda algún ligero rasguño en la piel, pero eso es algo que tampoco nadie sabrá.
No puedes entregar a alguien en quien no confías algo tan valioso como debería ser el tiempo que dedicas a tu vida.
...
De horizontes que se doblan color rosa marchita sin esgrimir argumentos en contra, dispersando su triste reflejo en los sucios cristales de la ciudad, como el brillo que han perdido todas esas llaves que abrían aquellas puertas a las que nunca fui capaz de enfrentarme.De historias y apologías de mí misma dibujadas en forma de burla y de butacas sin nombre, como todas esas angustias que emanaron del temor de una ausencia que siempre estuvo presente en mi cabeza.
De imágenes que alumbran los caminos de vuelta al punto de partida por excelencia, adolecida y casi adoquinada entera, como el aire que huye de la boca al respirar alisando los sentimientos que me conducen a la antítesis tú-yo que se vuelve cada vez más de cartón y yo más pequeña asonante...
...
El día está soleado aunque ha estado lloviendo toda la noche. Entonces esta idea se aparece fuerte ante mí: me apetece que sea domingo, un domingo de esos en que tienes algo de resaca; me apetece que esté muy nublado y que las gotas no dejen de caer, que si acaso alguien pueda rescatarme para dar una vuelta en este día en que para mí el tiempo queda en suspenso; que haga algo de frío y no tener mucho que hacer más que sobrevivir a él.
Se me ha ido la cabeza en estos últimos minutos y vuelvo a ser consciente del presente como si un hilo hubiera tirado de mi pie izquierdo que volaba ya muy lejos y me hiciera entrar por esta ventana que, por cierto, aún sigue cerrada y debería abrir para que el aire entre y deje que la habitación y yo podamos respirar, para que vuelva en mí (para que vuelva a ti desde aquí) y siga buscándome en largos escritos que no dicen nada.
...
Hoy no duermo.
...
"Se necesita valor para cambiar el rumbo establecido de los acontecimientos... mucho valor."
...
...
Pero por algún lado tengo que decir basta.
...
Pero no pasa nada, sólo es negro. El negro es bonito.
...
...
...
Pesadas cajas que te envidian los vacíos y álbumes llenos que recuerden lo peor que has vivido.
Siempre un defecto pesa más que cien mil papeles escritos con virtudes que ya tienen los demás.
Hay pasos que hacen eco en medio de una multitud, pero nadie está escuchando porque si no haces reir no cuentas como un normal ser humano.
Guardar corcho bajo el pecho hace que el propio peso no sea el que me hunda, aunque las ganas pesen más.
Tirar piedras a lo lejos es la cura para los males que no parecen tener remedio.
Escrutar el cielo, desde el océano que guardo en mi interior agitado de esconder la procesión por dentro, donde no pueda oirse, sin que desvele a los sueños más pequeños.
Despierto sigue el mundo cuando dejo de mirar. Menos duro que mañana, menos ganas que ayer de enfrentarse a algo que tu nombre siempre parece olvidar.
..
[echo tanto tantísimo de menos...]
...
Pero, a veces, dormir no apacigua nada. Dormir puede conseguir ser la solución, si estás dormido no sientes nada, si estás dormido no hay nada que pueda hacerte daño.
Quién te arranca esa parte de ti que te quema, si no sabes situarla físicamente. Si mentalmente no desaparece ni se aleja. Si lo que te hiere no existe, si no puede hablarte ni explicarte qué ocurre. Si todo se tiñe de lentitud y malestar, si puede que lo hayas creado tú.
Entonces cómo te convencen de que se pasará, si el presente es un reto y cada momento se vuelve tenso e irrespirable. Cómo están tan seguros si aquí no cambia nada y el tiempo va en contra y no quiero darme la vuelta y ver lo que hice mal y que todo está tan lejos...
...
La oscuridad escondió del día toda la parte vacía de la voz de una canción reescrita para mí, un color que no existía entonces.
Reconstruí las partes en el momento en que llegaste.
Conseguiste que el suelo no estuviera frío y que la noche corriese deprisa, cual rayo que ilumina la porción de cielo en la que cae, como una caricia.
Y ahora todo es así, casi como lo había diseñado, un poco más a la aventura y un argumento mejorado que soy capaz de estropear.
Y ahora huele todo así, muerta de miedo.
...
Allí te vi pasar. Pasada la medianoche. No debí pensar.
...
Pero aun cuando estás descubriendo todo lo bueno que puede ser, el suelo se abre ante tu mirada estupefacta y esa perfección cae por su propio peso, como si nunca hubiera tenido materia suficiente como para quedarse en el lugar correcto, el cual parecías ser tú.
Entonces, desconcertado, observas como todos tus rincones empiezan a llenarse sin querer de algo mejor, algo diferente, algo realmente extraordinario. Caes en la cuenta de que las convicciones que parecen ser firmes, pueden ser derrotadas en menos de un segundo por eso que se parece un poco más a ti, razón suficiente para desear no volver a mirar atrás. Razón con la que se ha de lidiar a partir de ese momento, la necesidad y la entrega hacia lo que creías improbable pero se presenta tan tangible que da miedo hasta acercarse.
Y sin saber si en algún lugar reposa paciente lo verdaderamente excelente...
...
Es tiempo de retirarse en el momento preciso en que crees que algo se empieza a agrietar, tiempo de no decir ni una palabra y guardarse todo dentro antes de caer dormida. Es tiempo de poner distancia entre tus pasos y los pasos de los que pueden dejarte malherida. Es tiempo de esperar paciente y no esperar absolutamente nada; tampoco es tiempo para pensar de más. Es tiempo de retraimiento, lejanía y quizá, pero tan sólo quizá, tiempo para sorprenderse.
...
Es una calle estrecha, hecha para la espera. En sus casas los interruptores juegan a esconderse, alargando el temor a la oscuridad. Las puertas chirrían antes de abrirlas, como ese tipo personas... Sus habitantes marean las hojas de los árboles que acaban cayendo, dejando las ventanas vacías y las calles de alfombra. Brillan las ausencias en cada pensamiento y no existe la noche, nadie puede dormir. No se duerme en este barrio. Siempre fui de ese tipo de personas, de las que chirrían. Esas que ponen las esperanzas que le permiten los pies y las ilusiones que caben en sus manos, pero no todas. Jamás fui de las otras, de las buenas. De esas que parten rayos sólo con mirarlos y no temen a la oscuridad y aman los árboles sin hojas en invierno e inventan la noche si no llega y por mucho que pasen los años, no se oxidan.
[...]
No hago magia pero que nadie me diga que no tengo poderes, que nadie me diga lo contrario. He escrito suelos y papeles y los he lanzado al aire para que llegasen a tus pies. Te he convertido de fantasma deambulando fuera de mi mundo a una realidad dentro de él, solo que ahora no sé si se podría decir que esto es una pausa, el esperado principio o un inevitable final. Pero al menos ya existimos...
...
pero hasta el papel me hace más compañía,
un papel sabe escuchar.
A cada letra alargo la distancia, no es mi voz la que ha hablado
sino el frío que me llena en tus abrazos
y no me hace falta más invierno.
Diciembre sólo trae un rostro que no coincide con el tuyo
pero algo aún huele a ti y te pienso, te pienso...
[...]
Riámonos del viento, es más fácil,
una simple buena cara se la lleva el mal tiempo.
Amemos arañándonos las almas,
que sangrar con gusto salva vidas.
Miremos más arriba, al cielo,
pues éste nunca se va, nunca te acaba fallando.
Cortemos las correas del reloj,
atarse a él hace que perdamos lo que no se olvida.
Y cantemos, que los cristales como mucho se empañan,
jamás se rompen...
...
¿Pasa lo mismo con los descosidos del alma? ¿Se hacen más grandes cuando duermo, sin que me dé cuenta? ¿Llegará un día en que se hagan demasiado grandes que no haya forma arreglarlos? ¿Existen almas de repuesto por si ésta se me vuelve demasiado inservible?
*A todo el mundo le encanta saber que estás ahí, y gratis...
...
En este mundo paralelo yo te respiro y tú me expiras, me lastimas reteniendo el aire y caigo, más abajo y nunca dejo de caer, y más abajo aún, para dormir tranquila.
Por eso te tengo. No te tengo. Mi percepción distorsionada acerca de esta pertenencia me lleva a afirmar que entonces existes, pero no existes, por la razón ya mencionada.
Entonces estás y eres, no para mí, lejos de mí, a pesar de mi existencia colindante.
Entonces qué, te pregunto. Y no te pregunto, aunque siempre respondes.
Respondes, silencio. Mis silencios estresores.
*Y tan sólo darse cuenta de que caes en una realidad cuando es otro alguien quien la corrobora ante tu perplejidad.
...
Eres una ráfaga de aire para el que te intuye con prisa y un fantasma de ojos tristes reencarnado para el que te alcanza a mirar a la cara. Eres alguien de luto para la niña colegiala colorista y un ser raro para los pares de miradas arrugadas que caminan cogidos de los brazos.
Eres un fragmento de ti misma representado a segundos en el escenario de tu vida, eres un pedacito de lo que fuiste hace unos años y lo demás es una obra en construcción sin fecha de final. Eres una ilusión en tu cabeza que no consigue comprimir esa belleza de la que hacen gala los artistas y poetas que lograron cautivarte. Eres más que un hecho, eres el más vivo recuerdo de un alguien que serás algún día.
Eres quien no puede dejar de lado la pesadilla de convertirse en esa persona que recuerde con odio la que fue por no saber hacerlo mejor, la que es hoy, la que está aquí, la que escribe sin papeles pues los pierde, la que tiene miedo de preguntarte lo que no sabe, la que ahuyenta el tiempo e intenta el día y habla en balde.
...
Con todas las ansias de flotar por este humo amarillo que inventé.
Colgada de un espesor de donde no puedo caer. Soy del revés.
De noche me entra el hambre de conocer lo que no sé.
De día te arrastro a lo más profundo de mi piel.
Luego te vuelves noche de nuevo y después echo a correr.
No es segura esta distancia.
Me temo que he de desconocerte, desconocido.
El aire aquí no deja de escocer.
He amarrado el barco a la certeza de no volverte a ver.
Sin mares ni planes, ni claros horizontes de papel.
Ellas se apoderan de cada pobre recuerdo. La jovial tristeza. La dura cobardía.
Borré tu amanecer rompiendo mi dibujo.
La cera amarilla se volvió humo, y empezó a oler.
...
[ _____ ]
No todos hemos merecido el premio de ser felices. Puede que un día, mientras descubres el valor de la luz del sol estando en los bajos de tu alma, te topes conmigo. Te invitaré a pasar, charlaré contigo de la vida y de la gente, te regalaré un poco de agradecimiento; y te pediré que, por favor, al salir cierres con llave y apagues la luz. Olvida todo, olvídame, y sólo así podremos continuar tejiendo la soledad que hemos venido a compartir.
...
Y el día pasó arrastrando la mirada por el pavimento y recogiendo toda la mierda, incluso la que uno mismo genera, para después, transportarla a casa sin que apenas pese y desprenderse de ella por cada rincón de los pasillos, para después tropezar con ella un lunes a las siete de la mañana con los ojos entreabiertos percibiendo aún desde el sueño, y caerse redondo al suelo, de donde nunca debió levantarse.
Y el día pasó. Y poco más.
...
ahora ¿quién me dice qué hago con él?
Ya no me basto por mí misma,
ya no hay pistas, no hay nada
y no me llaman derrotista
por perder sólo una batalla.
No hay eterno sufrimiento,
pero no hay sombra que aparte este complejo
de no saber rimar los días,
de no tener fe en la vida,
que sólo son ecuaciones que no despejo.
Intento ver la luz, pero me mareo.
Siento que no hay medida, no hay libertad
y si la hay, la doy por abatida.
"Es preciso, ante estas ciudades, suspender el juicio hasta un día, hasta que repentinamente -o quizá poco a poco aunque esto apenas es creíble- tome forma una cosa que adivinamos que está presente y que no vemos, hasta que esa sustancia que se arrastra ahora por el suelo se solidifique, hasta que los que ahora ríen tristemente aprendan a mirar cara a cara a un destino mediocre y dejen vacías las construcciones redondas o elípticas de cemento armado para recogerse en la intimidad estrecha de sus casas".
Tiempo de silencio, Luis Martín Santos
...
...
...
...
"Nada parece que haya cambiado. Fuera de las sombras irreales de la noche regresa la vida real que habíamos conocido. Tenemos que volver a tomarla desde donde la habíamos dejado y se apodera de nosotros un sentimiento horrible de necesidad de que continúe la energía en el mismo círculo de costumbres estereotipadas y aburridas, o quizá un anhelo salvaje de que nuestros párpados se abran alguna mañana en un mundo que hubiera sido remodelado de nuevo en la oscuridad para placer nuestro, un mundo en el que las cosas tuvieran formas y colores nuevos, y cambiado y con otros secretos, un mundo en el que el pasado rendría un lugar muy pequeño o ninguno, o sobreviviera de todos modos en una forma inconsciente de obligación o arrepentimiento, ya que hasta la rememoración de la alegría tiene su amargura y los recuerdos del placer tienen sus penas".
El retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde
...
Las paredes están colmadas de cuadros, los hay de varios estilos y temáticas, pero mi atención repara sólo en uno. Se encuentra a mi izquierda y está compuesto de tres partes: un cielo oscuro que anuncia tormenta contrastando con una Torre de Pisa lejana; un campo de espigas y, por último, en la mitad del cuadro hay un primer plano del rostro de una mujer cuya mitad izquierda se encuentra difuminada hasta que el marco establece el límite. Es una composición extrañamente familiar, no tanto por el paisaje como por los signos de falta de identidad expresados en el rostro de esa desconocida, probablemente inexistente, mujer de pintura. Quizás ella también se encuentra perdida. O ve su destino torcido como la torre que vela tras de sí. Me pregunto a cuántas personas habrá visto en esta sala, personas como yo que se la quedan mirando mientras el tiempo pasa, despacio pero paciente, lento pero sosegado. Me pregunto si ella también se encuentra esperando a que ocurra algo, así, como yo lo hago.
...
ni supo qué esperar sentada frente al mar.
Y cuando no hubo mar se puso a volar,
jugando a quererse en cualquier parte,
jurando no regresar.
...
Puedo arañar tu pared y morirme de placer.
O acabar quemándome las yemas de los pies.
No necesito saber el resultado.
Me retumbas por todas las cavidades de la piel.
No sé olvidarme de los detalles.
Tampoco soy quién para querer ir a buscarte.
...
Me conozco este suelo como la palma de mi mano. Me sé de memoria estos cielos que para mí ya llueven gris. He recorrido cientos de veces las aceras que no llevan a ningún lado, y mucho menos a casa, cuando es lo que más necesitas.
Miles de fachadas han sido testigos de lo mejor y lo peor de mí. He querido, odiado, gritado, besado, llorado... He perdido y he ganado, he caido y vuelto a caer... He vivido siempre aquí, entre paredes que nunca duermen y farolas que no se encienden si no saber volver.
Pero como dijo alguien grande... cada ciudad puede ser otra. Tan diferente como perspectivas, como seres humanos que la habitan. Si pisas estas baldosas a mi lado, no siento lo que una vez sentí. Todos los colores que pueda haber, quiero que me los enseñes sin darte prisa, sin soltarme la mano.
...
Los sueños ya no me hacen tanta falta como una dosis de realidad en el momento clave, que es aquí, y es ahora...
...
...
Ante mí yacen mis pensamientos condensados en batallas que estallaron en mi frente, que me hierve... y esbozo una sonrisa de derrota.
Mis disculpas por no saber bailarte las palabras, y por las obvias inexperiencias de mis acentos. Nunca pensé que te escribiría tan pronto, ni tan torpe, pero me sorprendo aquí y no me avergüenzo. Todo parece nítido cuando miro a través del visor...
No quiero que te detengas en las tapas de este cuento, el cuento en el que nadie supo ahondar. He pulido mi coraza con esmero durante este tiempo y sé que tengo algo dentro, puede que escondido, pero tengo algo que dar.
Nunca creí que el amor de nadie pudiera salvarme, y ahora tampoco. Pero quizá amor sea lo que necesite.
...

...

...
Pensar como si el tiempo se hubiera congelado y sólo corriera acelerado en la ventanilla, mientras los ojos buscan inconscientemente algún lugar que merezca la pena donde matar una mirada.
Viajar te hace pensar en lo que dejas, y a dónde te diriges. A qué le das la espalda: a lo que tienes o a lo que quieres... y qué añorarás más. O a quién echarás más de menos: a los que te despiden o a los que te reciben. Y darte cuenta de la importancia que eso tiene. Que haya alguien.
...
Quiero escribir. Acerca de todos mis nada. Y mis todo. Quiero escribir sobre mí, sobre lo que soy y decir que me siento muy pequeña, puede que cada día más. Y es lo único que sé.
Quiero escribir sobre las personas que se han quedado conmigo, que no son muchas pero sí suficientes, y lo mejor es que son increiblemente buenas, y decir algo que no suelo decir... que me siento afortunada por tenerlas. Que espero no alejarme y que sin ellas probablemente no sería quien soy, aunque quien sea carezca de valor, pero me han enseñado muchas cosas.
Quiero escribir sobre lo mucho que me gusta, a pesar de todo, esta locura rara de vivir, aun pasando por la monotonía, el dolor y las pérdidas... no me asusta sentir y creo que hacerlo, sentir lo que sea aunque no nos haga precisamente felices, es mejor que no sentir absolutamente nada.
Quiero escribir sobre ti y la piel de gallina que aparece cada vez que te veo; sobre lo mucho que me gusta conocerte; sobre lo fácil que es no sentirse solo cuando alguien te abraza o te acaricia; sobre cómo pasamos de puntillas en la vida del otro y la certeza de que, tras este intervalo, nuestros caminos se separarán. Y supongo que es esa certeza la que me mantiene tranquila.
Quiero escribir sobre lo que no ha pasado todavía, pues creer en algo nos hace seguir caminando. Quiero no centrarme sólo en el pasado para no perderme en él, pero tampoco ir olvidando. Escribir... sobre lo que nos hace o debería hacernos más felices, esos momentos fugaces que te evaden de todo y te hacen volver a la naturaleza más simple y humana. Sobre lo que nos hace tomar conciencia de uno mismo, y ser mejores, y ser capaces de recordar como nos sentimos aquella vez.
Quiero escribir sobre lo absurdas que resultan muchas de las cosas que decimos o hacemos, incluso pensamos. La incontable cantidad de veces que nos equivocamos, que juzgamos precipitadamente, que fallamos o miramos sin los ojos cerrados... y preguntarnos si sería tan difícil de otra forma.
Quiero escribir sobre la fiel compañera de viaje por excelencia, la que está en todas partes y pone en nuestra boca frases que no supimos expresar mejor: la música. Quiero crecer con ella y que me haga pensar, que me inunde y me oiga por encima de su eterna voz mientras grito lo que sé que va a decirme. Quiero necesitarla y no poder olvidar cómo me hacía estremecer, llorar, bailar, crear... en definitiva, sentir. Sentir su inmortalidad.
Quiero escribir cada día que soy una ignorante, y sólo así impregnarme de todo lo que me vaya encontrando por el camino, abrir bien el corazón y no dejar de aprender. Quiero escribir y encontrar alguien que sepa entenderlo, lo respete y me acompañe en ese sentimiento. Necesitamos saber que no estamos solos.
Quiero escribir sobre lo que siempre quise hacer, como conocer bien las estrellas, tocar la guitarra, dedicarme a pintar o planear tener mi propia papelería. Y que no suene absurdo. Quiero hacerlo de verdad y no convertirlos en sueños perdidos en mi mente ni tampoco en garabatos sobre un papel que tiraré dentro de algún tiempo. Quiero escribir sobre los lugares que no conozco, visitarlos y decir, por fin, algo de ellos.
Quiero no conformarme con esto, dejar por escrito que puedo hacerlo y releerlo cuando lo haya hecho. Pensar que puede ser así, que todo debería ser tan fácil. Que complicarlo nos mantiene entretenidos pero nos hace perder un valioso tiempo que corre en nuestra contra.
Escribir lo que sientes, dejar constancia de tu existencia ante ti misma antes que a los demás. Pues ellos viven su vida pero tú estarás contigo para siempre, e incluso a veces, sentirás que sólo te tienes a ti. Aunque más tarde sabrás que es una verdad que no lo es del todo, porque la existencia nos viene también de fuera, de sentirnos alguien para otro alguien, sobre todo para aquellos que son alguien para nosotros... de sentirnos cuidados y, por qué no, queridos.
Quiero escribir... Quiero escribir para siempre, que me faltan cientos de cosas por decir.
...
Aire y tú. Cuadrados de nada.
Cuentos de espejismos
y embriaguez nocturna.
Necesito aire.
Y paredes frías, blancas,
sujetándome la suela.
Y frágiles alas que vuelen alto,
negras, por ti
...
Es dificil ser imparcial cuando algo cae en nuestro campo de acción, en nuestro círculo. Nos afectan las cosas. Somos diferentes pero igualmente vulnerables al dolor, y a la felicidad. Pasamos por ambos estados entre otros cientos, como pasamos por la vida dejando pequeñas huellas en papeles, en gente, en recuerdos.
Nos encantan los detalles, a unos les emociona darlos y al resto, recibirlos... pero igualmente capaces de sentir nos deshacemos en lágrimas, nos morimos de risa o nos invade la rabia, según el momento.
A pesar de que somos tan iguales en tantos sentidos y lo sabemos, sigue para algunos resultando muy dificil pornerse en el lugar de otra persona o simplemente, interesarse por las razones de cualquier conducta ya que siempre hay algo que la mueve y es crucial para establecer cualquier tipo de juicio que no sea erróneo.
Nos apresuramos siempre, nos encanta hablar, nos alimentamos el ego porque cualquier razón es válida, nos equivocamos mil y una veces, nos bañamos en excusas y nos tapamos los oidos. Y es que es tan fácil nublar la vista y cerrarnos a todo tipo de señales y pequeñas muestras de cualquier prueba alrededor que ofrezca la posibilidad de que tengamos un punto de vista alejado de la realidad cuando (pensamos que) estamos realmente hundidos o cuando, simplemente, las cosas no van bien o, mejor dicho: como queremos. Y es que nos hemos olvidado del bien y el mal. Tan sólo cuenta lo que uno quiere ver.
El ser humano nunca deja de ofrecer ejemplos de lo egoista y contradictorio que puede llegar a ser.
...
te inventas la vida en un garabato.
Sientes que el mundo es raro,
pero la curiosidad puede más.
Te miras en el espejo subida a un escalón,
todo lo ves grande,
aunque cada vez menos fuera de tu alcance.
Pequeña y tan llena de vida,
tardía en nuestro camino
te cruzaste avispada, coqueta
y peinas a una muñeca más grande que tú.
Preguntas y me enseñas otra perspectiva
la que nadie debe abandonar nunca en la vida.
Te crees más lista que el resto,
y niña, no dudo que lo seas
pero tienes que darte tiempo.
Ya no me dejas enseñarte,
te bastas tu sola,
te inventas en cada juego, cada día.
Qué será de mí
cuando me apartes de tu camino
y me hagas insoportable la ley de vida.
Mientras me coges la mano para cruzar,
pienso en que te queda mucho por andar todavía,
pero aún no me preocupo
pues me quedan mil cuentos por contar
Eres bajita aún, eres alegre
y a veces demasiado hiperactiva
para los que estamos creciditos ya.
Vas olvidando que la vida es un juego,
espero que estés preparada...
tu vida ha comenzado, y ya no hay vuelta atrás.
Nos queda mucho tiempo para conocernos,
sólo tenemos que esperar.
...
cuando aún no sale el sol,
y las nuces de neón se suspenden en el aire.
El calor sofoca las palabras,
antes de que se derritan en tus oidos,
antes, incluso, de poder desprenderme de ellas.
Estas noches sin nubes,
las voy tejiendo de cartón y no me dejan mirarte,
si te miro no quiero regresar.
Las horas largas, los tragos no se acaban
porque los reflejos se ahogan en el vino
y ya no queda trozo de alma en mí
que pueda sostenerte, entre humos
y carcajadas, te alejas...
...

Ahora que, todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar...
...
I don't want to be here fading it's more that I can take
...



