Tus medias tintas se rompieron y junto con mis muñecas sangrando
hicieron del suelo un lienzo sobrecogedor.
Con valor, mueren las palabras jamás escuchadas
yaciendo ahí, junto a mí, manchándose los acentos
sus manos delicadas; gritando en silencio me agarran
y me atan a ti. Te quedaste viendo a la pared volverse gris
y yo corrí detrás arrancándome los latidos, resbalándome;
pronunciando el nombre que maldigo cien veces y una más;
comiéndome tu espalda con la mirada.
Eso que crece en mí se hace fuerte si lo escuchas respirar,
animal sediento de un alma que exhala esa paz que nunca tuve,
la que ansío poseer y así ya no estarás, no estarás cerca,
nublándome los sentidos que ahora necesito para echarte;
concentrándome en matar la nostalgia de tus dedos;
aniquilando tu luz de mis rincones;
odiando tus pasos cruzados en mi destino;
ignorando tus intentos de querer estar conmigo.
No. No me mires si ya no respiro...
Mi sangre ya no es tu camino. Vete...
Déjame odiándote y quizá te perdone
por haber acabado conmigo así, sin descaro.
hicieron del suelo un lienzo sobrecogedor.
Con valor, mueren las palabras jamás escuchadas
yaciendo ahí, junto a mí, manchándose los acentos
sus manos delicadas; gritando en silencio me agarran
y me atan a ti. Te quedaste viendo a la pared volverse gris
y yo corrí detrás arrancándome los latidos, resbalándome;
pronunciando el nombre que maldigo cien veces y una más;
comiéndome tu espalda con la mirada.
Eso que crece en mí se hace fuerte si lo escuchas respirar,
animal sediento de un alma que exhala esa paz que nunca tuve,
la que ansío poseer y así ya no estarás, no estarás cerca,
nublándome los sentidos que ahora necesito para echarte;
concentrándome en matar la nostalgia de tus dedos;
aniquilando tu luz de mis rincones;
odiando tus pasos cruzados en mi destino;
ignorando tus intentos de querer estar conmigo.
No. No me mires si ya no respiro...
Mi sangre ya no es tu camino. Vete...
Déjame odiándote y quizá te perdone
por haber acabado conmigo así, sin descaro.




El manto gris llegó sin avisar y lo cubrió todo con lágrimas de madrugada. La luz de las farolas acariciaba mis torpes pasos sobre el asfalto y mi sombra, a pesar de estar pegada a mí y ser ya una amiga, no me hacía más compañía que esas tristes gotas que sentía caer por mi mejilla.
Y de tu risa nace un llanto que tiembla furtivo tras tus párpados, que nunca más querrán volver a despertarse. De tanto temblar, caes (cómo los pétalos de las rosas secas) y te pierdes en lo que algunos llaman soledad, pero tú, que no sabes nada del mundo, te permites creer que tan sólo es otra forma de vida. Así, aprendes a ser infeliz, a acunar tus lágrimas, a flotar invisible por tus días.