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Hay equilibrio en cualquier cuerpo. Por haberlo lo hay hasta en las mentiras. Mi equilibrio dista del tuyo en que no se da cuando ha de darse, sino que es un equilibrio desequilibrante. Ya sabes a lo que me refiero, sabes el secreto de mi funcionamiento. Es tan simple que resulta incomprensible para quien no lo haya vivido.
Todo mi equilibrio lo contengo en una parte de mi cuerpo que dejó de ser localizable desde el momento en que me tuve en pie por primera vez. Con todo el tiempo que he pasado averiguando cosas de este mundo, se ha ido achatando y cambiando, a medida que la vida me iba pasando. Se ha hecho pequeño, del tamaño de un grano de azúcar, perdido en mi cabeza. En eso también difiere del tuyo.
Siempre pensé que necesitaba una simbiosis de equilibrios para sentir que caminaba más recta y perfecta, para no notar que el mío era más un defecto que un mecanismo, el cual había dejado de hacer su función en mí. Lo cierto es que quisiste prestarme el tuyo y fue cuando cai en la cuenta de que no quería nada de ti. No es que no congeniasen, es que no necesitaba que nadie me hiciera sentir lo que no era, una persona incompleta.

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Soy muy fuerte, mucho más fuerte de lo que jamás hubieras pensado. Igual me pegas y me duele, pero tengo fortaleza para aguantar una y mil veces más. Soy fuerte aunque parezca débil y mire siempre hacia abajo. Lo soy porque he soportado bastante, porque he sufrido por gente asquerosa, por cosas que no elegí, por momentos que no evité. Pero sigo intentando las cosas y sigo siendo igual de tonta que hace algunos años, lo cual es bueno en parte, porque tanto no han podido conmigo. Soy fuerte, no tanto como gente de mi alrededor, pero lo soy y algún día lo seré mucho más. Porque soy grande y me voy a levantar siempre, porque nadie va a pisotearme, aunque reaccione en el último momento. Porque no voy a dejar que nadie me haga sentir mal de ahora en adelante, porque voy a morirme un día sabiendo que hice las cosas bien y me defendí de los golpes como pude. Porque puedo y así lo he decidido, elijo ser fuerte, aunque a veces tenga que venir alguien a recordármelo.

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Y todo parece ser pero no se sabe a ciencia cierta. Porque lo que es se suele confundir con lo que quieres ver y con lo que parece que es. Pero nunca estás seguro. Porque de tan sólo pensarlo te puede el terror. El miedo de no tener certeza de absolutamenta nada, ni siquiera de la vida o de la muerte, que son realidades desconocidas. Real pero tan jodidamente ajeno.
¿Y el resto?
El resto se pierde entre nube gris y nube negra preludio de tormenta. O eso parece.

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Obviando los matices se aprende a dibujar a grandes rasgos.
Ignorando pequeñas porciones de realidad.
Desatendiendo los detalles vitales.
Omitiendo los surcos y formas.
Sorteando los colores.
Burlándote.
Borrar.
Huir.
Y olvidar.

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Contigo descubrí a Marta. Marta tranquila, Marta sosegada, Marta paciente.
¿Esperanzada?
Despejada. Contigo fue, contigo una tarde, otra tarde, y otra...
Allí donde sola no aprendía lo terapéutico que hay en sentarse, con los últimos rayos de sol del día, y dedicarse a la gran tarea de mirar. Contigo comentando a un lado. Tranquilo, sosegado, paciente.
¿Feliz?
Pero el invierno barre lo que las personas no consiguen matar por sí solas. Entonces es cuando uno decide si se quiere ser más fuerte.
Entonces, descubrí a Marta. Inexpresiva, decepcionada, confundida.
Marta sin ti.

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He llegado tan lejos sin tu ayuda. He vivido tanto y tan intensamente sin que seas partícipe de ello, sin tenerte al otro lado de la orilla facilitando o entorpeciendo mi camino. He hecho tanto sin necesitar tu vida directamente perpendicular a la mía, sin tu compañía.

Pero me vas dinamitando los muros, como tú sabes, muy despacio. Y yo me voy haciendo vulnerable, sólo como yo sé, sin remedio, y me voy rindiendo. Sin entenderlo, sin quererlo... de verdad, no lo necesito ahora.

Y volver a depender inconscientemente de algo, y creerme que soy mejor contigo, y pensar que con tu mirada puedo llegar más lejos, y sufrir por tus ausencias, y que mi ánimo dé vueltas a tu manzana, y que la vida sea mejor o peor si despierto a tu lado, y creer en un momento dado que he perdido mi cerebro, y mi voluntad girando con la tuya, y que mi cabeza vea un futuro compartido, y pensar en par más que en unidad, y creer que todo es para siempre, y que todo brille más, y perderme por completo.
Y todo eso que había olvidado o no quería recordar.

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Estoy justo en el medio de tantas cosas y lo único que quiero es no pensar y lo que quiero hacer es nada y me falta tanto, tanto, para llegar a algún lugar...

Lo que quiero decir es que te echo de menos, a mí manera, como siempre.

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La persona A coge las llaves, mira el reloj con recelo y sale de casa. Son las 9:17. Varios kilómetros más al norte, en otro punto de la ciudad, la persona B se dirige a la boca de Metro más próxima no sin antes parar de camino en el estanco a comprar tabaco, pero hay cuatro personas delante así que le llevará más tiempo del que pensaba. La persona A camina por las calles a paso acelerado. Al llegar a la altura de la parada del autobús que podría coger mira hacia atrás por si a éste le diera por doblar la esquina en ese preciso momento, pero no hay suerte y sigue caminando. La persona B baja las escaleras del metro sin prisa, busca el abono en el caos de su mochila perdiendo así un par de minutos más. Al fin lo encuentra y se dirige al andén de la linea 6 con dirección a Moncloa. Se cruza con una marabunta de gente con prisa que sube las escaleras y sabe que acaba de perder el tren. El siguiente pasará en tres minutos. La persona A sigue bajando la calle saltándose la mayoría de los semáforos en rojo y acelerando el paso, llega tarde y a pesar de que odia correr, ha de hacerlo. En apenas unos minutos está ya en Moncloa, cruza el primer paso de cebra y se dirige al segundo que está en rojo y siempre tarda más. La persona B se baja en la estación de Moncloa, sube distraída las escaleras mecánicas que le conducen a la salida del intercambiador nuevo y se dirige a cruzar pero el semáforo está en rojo así que se para detrás de unas cuantas espaldas desconocidas. La persona A se encuentra a menos de dos metros de la persona B. Ninguna se ha visto todavía, pero lo harán cuando se suban al autobús que les llevará a la Facultad. Se reconocerán. Sería el comienzo de algo. Probablemente si A hubiera llegado a Moncloa en autobús lo hubiera hecho mucho antes que B, y no se cruzarían por primera vez en bastantes meses. Si B hubiera cogido el metro que perdió entrando un minuto tarde a la estación de Sol, tampoco hubiera estado en ese semáforo a las 9:45. No hubieran coincidido en el mismo momento de sus vidas. Porque a veces las cosas tienen que pasar, aunque nos neguemos a creer que no ha sido por puro azar y porque, simplemente, a veces lo que queremos que suceda, sucede.

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Te levantas con la sensación de pertenencia a este mundo dormida y, con toda las pretensiones de normalizar la situación, la vida se vuelve incontrolable. Empiezas a atrofiarte por dentro. Hasta que te confundes con todo, hasta que te vuelves reversible. Casi lo que no podrías ser. Lo que no existe. Pero estás ahí sin explicarte cómo, con los sentidos danzando por encima de tu cabeza, y un sentimiento de irrealidad que te produce una desesperación que para ti ya no es desconocida.

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Tal cual. Rotos y fríos y pálidos, yaciendo donde han sufrido el impacto. Desamparados, sin arreglo, perdidos y maltratados. Sin función, quebrados.Como a veces las palabras. Como los sentimientos. Las miradas. Las caricias. Las intenciones. Los deseos. El cariño. Las esperanzas. Sobre todo, las esperanzas.

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Hay cosas en la vida que sí... y cosas que no. No voy a ser capaz de explicarme mejor en este aspecto. Creo que estoy a miles de años luz de conseguirlo. Lo pienso y nada. Lo siento y nada más, si cabe. Soy la cosa más absurda que he visto en años. Fuga de ideas. Ojalá lograra poner los pensamientos en su sitio cuando debo expresarlos. Entonces, sí. Únicamente de esa manera. Poner mis tres sistemas en orden. Equilibrio, pero no de éste, sino del sano.
Hay cosas que te cambian la vida. Y ya no vale un sí ni un no. Te explicas como puedas o te alejas de lo que conocías. Sigo siendo absurda, pero un tanto por ciento más sabia. Y bastante más triste.

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Voy a empezar a ser un poco más yo y un poco menos esa persona que lleva estancada en mí como ocho años.

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"Todo el amor que diste te será devuelto" o algo parecido dicen por ahí. Yo no entiendo demasiado de amor ni de deudas, pero no estoy de acuerdo para nada con este planteamiento. No creo que a nadie nos pongan la daga en el cuello a la hora de dar algo, sobre todo a la hora de dar amor. De eso se trata, se supone. Ha de ser desinteresado porque sino no es amor, me parece. No es una opción, es un hecho. O quieres o no quieres, pero nunca a medias. Y nadie te debe nada por ello, nada te asegura que lo vayas a recibir en la misma proporción. Mucho menos de la persona que pretendes que lo haga. Porque, simplemente, no funciona así. Y sí, ha de ser simple. De esas cosas que se saben, que huelen, que te impregnan el ser y el no ser y todo lo demás.

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Voy a echar la vista atrás tan sólo un rato por hoy. Me sitúo donde ahora ya no me reconozco. Lo veo todo desde arriba, fuera de la escena pero, a pesar de todo, entiendo lo que ocurre y por un instante siento lo que sentí. Han pasado tantas, tantísimas cosas, que no sé por dónde empezar. Supongo que por la gente de la que me acuerdo aún de vez en cuando, las relaciones que no he olvidado o no he conseguido superar, de las que en cierto modo me persiguen o dejo que lo hagan. Y me acuerdo de ella, de la chica nueva que cruzó el charco tres años después de que se convirtiera en mi mejor amiga a los trece años dejándome totalmente perdida, la que ahora trato como una desconocida. Me acuerdo de él, del primer chico que me descubrió el mundo de los besos adolescentes y el daño que le hice al final, por inmadura. Me acuerdo de los fines de semana alternados que pasaba con mi padre. De las indeseables que me hicieron pasar uno de los peores años de mi vida. Las primeras discotecas, los exámenes del colegio que nada tienen que ver con los de ahora, el irse definiendo en estilo y música, las broncas con mi hermana, los cines y Mc Donalds y pronto en casa, el mundo aquél... que parecía tan real y no lo era. Parece que han pasado como cientos de años, odio cuestionarme el "y hubiera sido diferente si...". Añoro muchas cosas, lo fácil que era algunas veces, la seguridad del saber dónde estabas, pasar el tiempo con ciertas personas. Pero a pesar de todo no creo que volviese allí, a la niña con aparato y gafas, al ver la vida brillante y después saborear la cara opuesta. Echo la vista atrás porque llevo tanto tiempo evitándolo que no puede ser sano. Porque para bien o para mal eso fue todo lo que me ha traído aquí.

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Es como ser un extraño dentro de ti mismo y un poco esclavo del mundo. Así es cómo te veo. No sé si te acabas de reconocer en lo que haces; yo no te reconozco en las palabras que dices. Veo a ratos esa independencia de la que presumes. Te mueres por ser sincero para acabar con tanta estupidez pero nunca te acaba saliendo, tan sólo una sonrisa, asentimientos y movimientos de cabeza sin ningún fin aparente (cobarde), tan sólo el de dejar que las cosas sigan su curso sin que piensen que eres un animal. Pero deseabas serlo porque es lo que se ajusta más a ti, es el tipo de papel difícil que te gusta, porque para hacerlo bien puede costar demasiado y eres una persona amante de los retos. Sin embargo, en escena, te muerdes la lengua traicionándote a ti mismo una vez más y, de nuevo, sonríes por dentro pensando que en el fondo es divertido que haya tanta gente ingenua (e idiota) suelta por el mundo. Parece que te inspira. Aunque pecas de neutral y de apariencia dura. Me gustaría que te sintieras tan perdido como otros, tan fuera de lugar, para que te dieras la oportunidad de conocerte más a fondo porque no acabo de creerme lo que dices que eres. Precisamente porque lo dices, desde el primer día. No se puede descubrir nada, parece que 'lo que ves es lo que hay'. Y siempre hay más. Te siento como un extraño a pesar de todo este tiempo.

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Yo ya sé distinguir lo que importa. Últimamente el amor viene en ráfagas, junto con el dolor. He aprendido que de ciertas cosas uno no se puede desprender, pero sí se puede aprender a afrontarlas de otra manera. Soy una ignorante un poco más sabia ahora, ahora que sé que la vida no siempre te prepara sorpresas agradables. No siempre, pero sí algunas veces. Y yo vivo de la expectación de lo que pueda ocurrir.

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I don't know what to do about the depression and the inflation and the Russians or the crime in the street. All I know is that first you've got to get mad... you've got to say: I'm a human being -- Goddamn it -- my life has value!

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Te crees que soy la más pesimista de todas y nunca ha sido así. ¿Por qué si no llevo un infinito tatuado casi en el cogote? Pues precisamente porque creo en las cosas imposibles, creo que todo se puede lograr. No sé si todo todo, pero muchas cosas sí. Lo que no puedo hacer es ser siempre conmigo misma la persona positiva que soy cuando se trata de los demás. Creo que es importante el modo en que se posiciona tu mente en estos casos. La mente, que lo puede todo, para bien y para mal, comprobado científicamente por mi cuerpo. Y si tan sólo tuviera la mitad de fuerza que tienen otros para tirar hacia arriba venga lo que venga... sería casi imparable. Pero así soy, un tanto por ciento pesimista y el resto cargado de ilusión por cualquier tontería. A ésta última tampoco hay que subestimarla. La ilusión mueve como pocas cosas en este mundo. Mueve hacia adelante, para que no pares. Y a veces estoy segura de que sólo se trata de eso, de andar y no pararse. Tan segura como de que cuando te tatúas un infinito lo haces un poco más alcanzable.

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Me tienes, girando en el sentido equivocado en el que giran tus impulsos, latigazos y frío envuelto en un abrazo que se queda en la intención más que en el acto. Me tienes, manipulando el tiempo y su final virgen e intacto sólo por el placer de bailar las horas con la ropa por el suelo y los errores dirigiendo el momento.

Me tienes tan cerca que no quieres tocarme. Me tienes miedo. No eres capaz ni de rozarme, ni alcanzarme siquiera. Me tienes, de ninguna manera.