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Pasa el tiempo. Y no para de pasar.

Lo único que me quita el sueño.

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Qué bonito es el amor. ¿Quién no querría enamorarse? Quién querría estar solo y no creerse capaz de todo, hasta de disfrutar de la rutina. Ilusionarse otra vez, pensar que todo puede ser casi infinito; y que, a pesar de tener principio y fin, todo suene tan atemporal...
El no sentirse sólo se ha vuelto un negocio. A nadie le importa que estés solo pero quieren buscarte compañía: '¡Entra aquí, encontraremos a alguien al 99% similar a ti!'. Y ya está, directo a las ofertas 2x1, a los packs dobles, así de fácil.
La compañía y el amor, no van unidas pero, ¿cuál va primero?

Sensación de necesitar siempre un poquito más que el resto para conseguir llegar al mismo lado.

Y pasar el tiempo estudiando los pomos de las puertas.

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Siempre ha sido así,
la palabra la tiene tan sólo quien puede sostenerla.
Con fuerza o verdad, eso es cuestión de cada uno.

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En ocasiones se pueden sentir los impulsos de la vida, toboganes hacia arriba, la opción de acabar teñidas de rojo las rodillas, por caernos, porque nos tiran.
Y experimentar la ironía, de sólo querer ascender y sentir que el mundo te aplasta contra los andenes, las esquinas.
Acabar bajo el flexo a las tantas, descrifrando absurdos, sin querer creer en el juego que afirma que cuando uno siente nada, es que dentro no hay nada.

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Dividir algo insignificante entre un mundo, da poco más de cero.


I could never be the puzzle pieces
(...)
I'm not half what I wish I was
I'm so angry, I don't think it'll ever pass
And I was bad news for you, just because
I never meant to hurt you


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Si los desnudos son consensuados, entonces secundo viajar en el tiempo que huye entre los enredos de tu pelo.


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Lo de su obsesión con las nubes nunca fue una garantía de nada, pero sí una vía de escape, o una afición que le hacía sentir bien. Como lo de escribir, pintar... nunca se trató de destacar, sino de hacerlo.



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Las cosas más difíciles de recomponerse son las que, al romperse, no emiten sonido alguno.



[Aunque ensordezcan una vida]

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No fuimos un encuentro casual en un día cualquiera,
somos dos mundos que no pueden olvidarse.
Dos, mirando hacia el cielo,
que se ayudan buscando Casiopea
y duermen enredados.
Fue un encuentro, quizá casual
pero necesario para nuestra supervivencia.

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De esto que vas en el autobús y miras a lo lejos y no hay más que un montón de nubes, ¿sabes? Muchas nubes esponjosas y bajas, encima de las montañas, encima de los edificios. Y corre una brisa que entra por las ventanas, ¿verdad? Porque el autobús va rápido aunque a ti no te importaría tardar un poco más. Y esa sensación grande y rara de sentirse tranquilo con todo. Sabes... eso de sentirse un poco en paz.

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El tiempo consigue siempre darnos margen para poner al día algunos asuntos que teníamos pendientes desde hacía ya. El tiempo no cura ni ayuda, si no quieres. Como para todo, se requiere una pizca de voluntad. Sin ella, alzas la vista al cielo y ves al mundo dar vueltas, como esas escenas de las películas en que la cámara gira alrededor de un personaje.
Sin embargo, seguimos teniendo problemas con eso de crecer. Cuanto más queremos hacerlo, más sentimos que topamos contra algo que nos impide seguir. Pero cuando no lo piensas, te ves dejando de hacer cosas que antes te contentaban por cualquier razón que te hace fruncir el ceño al decirlo. Puro engaño. A veces creo de verdad que ponemos todo el empeño del mundo en no dejarnos ilusionar más.

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He tenido esta noche el universo entero encima de mi cogote y no he sentido nada. Mentira. He tenido un pedazo de cielo oscuro y pequeño delante de mis ojos y no he sentido nada. Casi cierto. He sentido nada, en este caso nada es todo lo que preferiría obviar. Pero ha sido tan desbordante que... Se ha derrumbado encima de mí, ha vaciado su contenido estelar y me ha hecho una herida que no sé localizar a pesar de su profundidad. Y en este instante me libraría de cualquier pensamiento que no estuviera a la altura, pero he de arrojarlo también, como algo importante que se vuelve deshecho cuando te has cansado ya de convivir con ello. O porque falta espacio y algo hay que tirar. He visto toda la claridad que puede alumbrar una noche, sin confundirme con la atmósfera lumínica urbana. Mentira. Quizá no. Sí, me sigo recuperando de lo diminuta que me he percibido, intento crecer y la gravedad me hace chocar con el suelo, lo real, las decisiones, los problemas y lo simple que es todo si le quitas el sentimiento que lo complica.

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Aterrizan por un momento los pies y la tierra me rodea, yo soy la isla de un estéril mundo, me encuentro en el medio de yo sé perfectamente qué, yo sé perfectamente dónde. Mis pies efervescentes se intentan desplazar a pesar de mis órdenes mientras las manos se descruzan lentamente, me deshago de esta sensación de culpa. Me desnudo por completo de muros e impedimentos, me muevo y tomo aire como quien sale a la superficie tras aguantar la respiración un rato bajo el agua. Noto calambres en los dedos y energía salir por cada uno de ellos después de enervar todo mi cuerpo, mi mirada se eleva y se clava en el cielo, me engancho y me cuelgo de un punto cualquiera en él porque cualquiera me vale, y rozo la inmensidad...

Aterrizan mis pies en la arena con rabia y el agua pronto comienza a rodear mis tobillos de forma violenta; calculo que a este ritmo pronto no conseguiré verme las piernas. No puedo apartar la vista del mar que pretende sumergirme en su interior, es un amor que no sé si es correspondido, es un castigo por yo sé qué y sólo yo sé la razón. No me resisto a su furiosa justicia, el lugar en que me encuentro lo he elegido yo. La veo venir, enorme, paciente, sabe que no tiene cosquillas, que luchar contra ella es de locos. No sé pensar bien a pocos segundos de ser arrastrada. Sin resistencia, cierro los ojos, escucho el estruendo que genera a pocos metros, abro la boca, cojo aire, lo retengo y me abandono, 3, 2, 1...

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Hay tres cualidades de las que carezco y que admiro hasta la saciedad en las personas: la determinación, el valor y la fuerza. De ellas dependen otras tantas porque vienen de la mano. Así que creo que si posees estas cualidades o cualquiera de ellas de alguna forma desarrolladas, puedes llegar a dónde te propongas.

determinación.

(Del lat. determinatĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de determinar.

2. f. Osadía, valor.


valor.

(Del lat. valor, -ōris).

1. m. Alcance de la significación o importancia de una cosa, acción, palabra o frase.

2. m. Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros. U. t. en sent. peyor., denotando osadía, y hasta desvergüenza. ¿Cómo tienes valor para eso? Tuvo valor de negarlo.

fuerza.

(Del lat. fortĭa).

1. f. Aplicación del poder físico o moral. Apriétalo con fuerza. Se necesita mucha fuerza para soportar tantas desgracias.
(No me refiero, por supuesto, a la primera)

~ de voluntad.


1. f. Capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o para cumplir con sus obligaciones.

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Somos muchos a los que nos hierve a diario algo en el cuerpo, la necesidad imperiosa de expresar sin tener que hablar; sacar lo que nos sobra dentro, como si se tratase de magia, a través de las manos y, por supuesto, de una lente fotográfica o de las palabras. Somos muchos los que sentimos placer enfrentándonos con una página completamente impoluta y vacía, sabiendo que de ahí puede salir cualquier cosa. O bien escuchar el sonido del obturador hacer click tantas veces como ideas deambulan por tu cabeza. Plasmar desde cualquier o cada una de las perspectivas cualquier realidad de tu vida, en dos líneas o en cien, a color o en blanco y negro, en narrativa o en forma de poesía, a veces mejor o peor, el caso es liberarte. Y de la forma que expreso no es más que todo mi universo; digo que no es más pero para mí lo es todo, todo lo personal (e intransferible) que puede dar Marta, todo lo que no sé decir cuando hablo, hasta con la persona que más quiera y confíe de este mundo. Lo que yo hago, no es para ti, aunque expresar suponga que en la comunicación ha de haber un emisor de un mensaje y alguien que lo reciba. Tú lo recibes, pero sigue sin ser para ti, porque hacerlo supone algo mucho más profundo que coger un bolígrafo o una cámara y tomar la actitud de a ver qué sale hoy, al azar, sin intención. Por tanto, yo emito y yo recibo, y lo que recibo es lo mismo pero en frío, razonado, masticado, lo que contribuye a que me calme. No es un mero hobby; es una acción terapéutica, es una cura para la enfermedad del que se calla las palabras, es una liberación, es algo que soy, es una adicción, un placer, un motivo importante, un lugar donde me siento segura, un sentimiento mejor.
Ahora entenderás cuando digo que, lo mío te llega a ti, pero sólo es posible que sea mío.

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Hay equilibrio en cualquier cuerpo. Por haberlo lo hay hasta en las mentiras. Mi equilibrio dista del tuyo en que no se da cuando ha de darse, sino que es un equilibrio desequilibrante. Ya sabes a lo que me refiero, sabes el secreto de mi funcionamiento. Es tan simple que resulta incomprensible para quien no lo haya vivido.
Todo mi equilibrio lo contengo en una parte de mi cuerpo que dejó de ser localizable desde el momento en que me tuve en pie por primera vez. Con todo el tiempo que he pasado averiguando cosas de este mundo, se ha ido achatando y cambiando, a medida que la vida me iba pasando. Se ha hecho pequeño, del tamaño de un grano de azúcar, perdido en mi cabeza. En eso también difiere del tuyo.
Siempre pensé que necesitaba una simbiosis de equilibrios para sentir que caminaba más recta y perfecta, para no notar que el mío era más un defecto que un mecanismo, el cual había dejado de hacer su función en mí. Lo cierto es que quisiste prestarme el tuyo y fue cuando cai en la cuenta de que no quería nada de ti. No es que no congeniasen, es que no necesitaba que nadie me hiciera sentir lo que no era, una persona incompleta.

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Soy muy fuerte, mucho más fuerte de lo que jamás hubieras pensado. Igual me pegas y me duele, pero tengo fortaleza para aguantar una y mil veces más. Soy fuerte aunque parezca débil y mire siempre hacia abajo. Lo soy porque he soportado bastante, porque he sufrido por gente asquerosa, por cosas que no elegí, por momentos que no evité. Pero sigo intentando las cosas y sigo siendo igual de tonta que hace algunos años, lo cual es bueno en parte, porque tanto no han podido conmigo. Soy fuerte, no tanto como gente de mi alrededor, pero lo soy y algún día lo seré mucho más. Porque soy grande y me voy a levantar siempre, porque nadie va a pisotearme, aunque reaccione en el último momento. Porque no voy a dejar que nadie me haga sentir mal de ahora en adelante, porque voy a morirme un día sabiendo que hice las cosas bien y me defendí de los golpes como pude. Porque puedo y así lo he decidido, elijo ser fuerte, aunque a veces tenga que venir alguien a recordármelo.

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Y todo parece ser pero no se sabe a ciencia cierta. Porque lo que es se suele confundir con lo que quieres ver y con lo que parece que es. Pero nunca estás seguro. Porque de tan sólo pensarlo te puede el terror. El miedo de no tener certeza de absolutamenta nada, ni siquiera de la vida o de la muerte, que son realidades desconocidas. Real pero tan jodidamente ajeno.
¿Y el resto?
El resto se pierde entre nube gris y nube negra preludio de tormenta. O eso parece.

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Obviando los matices se aprende a dibujar a grandes rasgos.
Ignorando pequeñas porciones de realidad.
Desatendiendo los detalles vitales.
Omitiendo los surcos y formas.
Sorteando los colores.
Burlándote.
Borrar.
Huir.
Y olvidar.

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Contigo descubrí a Marta. Marta tranquila, Marta sosegada, Marta paciente.
¿Esperanzada?
Despejada. Contigo fue, contigo una tarde, otra tarde, y otra...
Allí donde sola no aprendía lo terapéutico que hay en sentarse, con los últimos rayos de sol del día, y dedicarse a la gran tarea de mirar. Contigo comentando a un lado. Tranquilo, sosegado, paciente.
¿Feliz?
Pero el invierno barre lo que las personas no consiguen matar por sí solas. Entonces es cuando uno decide si se quiere ser más fuerte.
Entonces, descubrí a Marta. Inexpresiva, decepcionada, confundida.
Marta sin ti.